domingo, 25 de diciembre de 2011

(RECUERDO DE UNA MEMORIA) El mensajero de los 70


Recuerdo de cuando niño que la mente necesitaba espacio para evadir las ideas y añoro bastante esos espacios que ahora nos escasea tanto. Las familias necesitaban menos espacio para vivir, estábamos más juntos para comer y para dormir y a veces para ver aquella televisión, todo estaba en un espacio reducido, los dormitorios estaban preparados para albergar tres, cuatros, cinco y hasta seis hermanos. Las cocinas eran reducidas y las mesas del comedor eran lo grande y hermosa que pudiese ser la totalidad de lo que se llamaba un hogar. Un espacio que nos apretaba y nos daba la suficiente calor como para sentir que los sueños se compartían con más facilidad que la realidad. Ahora sí, aquellos espacios de fuera eran enormes, aquel verde rió, aquellos arboles, aquellos manchones de hierba verde, aquellas alambradas para saltar hacia los sembrados.

Yo tenía a veces que sentarme en el pretil de mi azotea, que por cierto a través de ella veía toda Chiclana cosa que ya es prácticamente imposible, su crecimiento tapo su paisaje y junto a mi palomar y mis palomos solo conmigo mismo soñaba para mi mismo porque mis sueños eran muy extraños y en el momento de compartirlos con alguien podría estar expuesto a que me pusiesen de tonto. 
Recuerdo aquellas tardes con aquel paisaje de pretiles blancos mezclado con algún que otro manchón verde al fondo donde se podía hacer de todo como jugar al futbol sin bandas en aquel campo que teníamos que tener cuidado de no caer el balón al barranco o hacer una candelá para calentarnos y tostar pan y aquellas abundantes antenas de tv formaban un paisaje extraño y a la vez encantador.
Mientras pensaba en mi futuro a veces pensaba en como seria el año 2.000 y lo veía como algo bastante lejano  e inalcanzable, pensaba en tener un coche propio y muchas novias y también pensaba en mis novias que al ser mujeres modernas también le iba a gustar tener un coche a cada una y que si mis novias tenían un coche cada una yo tenia el mio y mis amigos que no iban a ser menos tendría otro cada uno, a mi hermano y hermanas seguro que se le antojaban y a mi padre está claro que tampoco iba a renunciar al suyo, la cuestión seria ¿Dónde coño íbamos a meter tantísimos coches? Creo que en ese año 2.000 la vida iba a ser complicada.
Más vale pensar en otra cosa, por ejemplo en mis hijos como jugarían mis hijos, seguro que se comunicarían desde sus casas con sus amigos a través de un monitor y se verían a través de él, en tiempo real y tendrían teléfonos propios sin cables, las televisiones serian como cuadros planos a todo color y seguramente los trompos se iluminarían como bombillas de colores cuando se bailen y mientras tanto esta fabricación casera que he hemos creado con mi amigo vecino de enfrente para comunicarme con él es el único apaño que  tengo, valla rollo.
Explicare mas o menos de que se trata el invento que me tenia allí esperando que se pusiese mi amigo el vecino en la otra parte de la línea sin tener siquiera que iniciar sección.
Habíamos atravesado con un cable de cobre de más de 50 metros de una casa a otra y en cada extremo del cable habíamos fijado un vaso de yogourt vacio en el cual hablábamos y el eco llevaba la voz de un lado a otro, solo se oia ¡Quiilloooooo, te enteraaaá, siiiii y tuuuuu, yoooo tambieeén! Pero no grites que te oigo.   
Una mañana pude contemplar algo asombroso. Dos niños mayores que nosotros en bicicleta llevaban un casillero de palomos en cada bicicleta. Irían a soltarlos porque eran palomos mensajeros llevaban cada uno sus mejores ejemplares, rápidamente cogí mi bici y les seguí carretera de medina hacia delante, junto a mi muchos niños que tenían bicicletas e íbamos todos hasta que bajamos la cuesta de carabina y tirando hacia la derecha junto al rio se pararon y allá fuimos todos.
Soltaron uno cada uno en tangas de dos en completa rivalidad el uno con el otro y cuando lo hacían lo lanzaban hacia arriba, en cuanto abrían las alas nadie le tenía ya que decir lo que habrían de hacer, su primera vuelta de orientación era una vuelta grandiosa antes de tomar la dirección a su destino de retorno. Era algo emocionante a la vez que difícil de entender.
Pude comprender entonces que la naturaleza estaba y estará muy pero muy por encima con mucho mas poder y con mucha más fuerza que la mano del ser humano pueda tener jamas y que en cualquier momento que le estorbemos o se viese amenazada podría destruirnos de un solo soplo. Comprendí también el mensaje de aquellos mensajeros, el mensaje de que soy y seré solo una pieza fundamental de su engranaje y no parte de una especie ególatra y presuntuosa sin sentido que se creyó con el derecho de sentirse dueño de algo a lo que pertenece como un esclavo a su cadena de la libertad.
Chiclana de la frontera. el mensajero de los 70

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